Fostering Creativity On My Kids

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Carolina Benoit Miami fashion mommy blogger entrepreneur

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When my girls were born, it mesmerized me how clean we come into the world and how every single day shapes us. From the moment we are born conditioning starts to happen and it can either damage or flourish our creativity. As a creative person, and someone who appreciates art, I’ve focused a lot of my energy in awakening a very important aspect of creativity: curiosity.

The girls were naturally curious, and I quickly realized how adults around me, and even friends were kick to stop the girls’ curiosity in an effort to protect them from dangers. unknowingly they were stopping a very natural and fun process that we can only have when we are kids. These are the ways I foster creativity on my kids, my methods are non conventional for a millennial but I feel like although sometimes I’m strongly criticized, my instinct tells me I’m right:

  1. I allow a mess: I allow my kids to paint on the walls, I allow them to paint themselves, I allow them to paint their dolls, I allow them to play with food and to use my makeup. Funny thing is, they paint the wall once or twice, then they are not interested and go for the papers. I’m not saying I allow them to destroy everything, but I do let them freely explore with art.
  2. I encourage outdoor activities daily: I usually have to take a very active role when we are outside, which after work can be a little tiring, but my girls love it. We do butterfly hunts where we have to count how many butterflies we see, or we collect leaves, we spy on snails. It might seem silly, but by doing so they are learning to be mindful and by default, I am too!
  3. I encourage them to dress themselves and choose their clothes: Naomi usually chooses her own outfits. Sure sometimes they are horrible, but she expresses herself through fashion. She probably likes something that you are not seeing because of your own conditioning. flowery pants with striped glittery shoes and a rainbow of colors? bring them on.
  4. As babies I allowed a lot of freedom: My older relatives were against me with most of my parenting choices, but the hardest for them was to let my kids roam freely. I’m not going to lie, it was scary. For example I allowed my babies to open and close drawers, knowing that it will come a day they will scream in pain at a hurt finger. But results were magical, if they made a mistake, they quickly learned and never tried again. I was always silently watching, keeping them safe, but allowing them to explore freely.
  5. I involve my kids in my favorite activities: I love to paint, knit, work… and I have always involved my kids in everything I do. Sometimes they show interest sometimes they don’t. Showing them my work-space, what I do, makes them try to emulate, almost as if they were inspired by what I showed them. To this day, Naomi puts her clothes on the floor and creates little outfits, just like I do for my store’s instagram page. That’s really cute.
  6. I don’t force them into activities: Naomi was doing amazingly in ballet, the teacher kept telling me she was a natural. I personally had a childhood frustration, I loved ballet, but could never practice. However, Naomi was miserable before and after class, she hated how strict it was. I quickly realized it was not for her. Same with Frida, I love to walk barefoot on the grass, but when I did that with Frida she quickly jumped on me and started crying, our kids deserve to be heard when they say No.
  7. I’m not big on rules: Sure there are rules at home, but we are pretty relaxed and go with the flow. sometimes it gets hectic, but to a child it also feels liberating to not hear no all the time. There are very important rules, that we never break, but our days consist of measured happy freedom.

I hope you could relate to some of these! and if you have more tips comment below! Would love to hear more!

Wearing Miu Miu flats, French Allure Set (Sold out at pdt)

 

 

Historia: La Moda Traqueta Y Sus Efectos

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Escuchaba la radio mientras manejaba por Miami, cuando de pronto el comentarista anunció el nombre de su último concurso: “el patrón del cash.” Inmediatamente sentí una mezcla de lástima y rabia pues nunca he entendido cómo llegamos a mitificar una cultura la cual solo nos ha traído guerras, corrupción y muerte. El narcotráfico cambió el rumbo de nuestra gente el día en que nos empezó a importar más el dinero que el honor. Y aunque su impacto social fue grave, mi objetivo es hablar de los efectos tan negativos que tuvo sobre la moda, y en específico sobre el cuerpo de la mujer.

Durante los años ochenta, la mujer latina, y particularmente la mujer colombiana, se convirtió en una caricatura dibujada por los hombres. Mujeres con culos y tetas monumentales se paseaban por las calles de las ciudades capitales. Esas tetas y culos fueron patrocinados por el dinero del narcotráfico, y ellas, quizás orgullosas, quizás inseguras, caminaban siempre bajo el escrutinio de otras mujeres que ya sabían que se avecinaba la novia o esposa de un mafioso. Como un virus, la moda traqueta se convirtió en lo convencional, y la mujer latina, quien se caracteriza por ser de mente abierta, carácter fuerte, e inteligencia, quedó reducida a ser un objeto de una cultura que le perdió el respeto. Me atrevo a decir que hasta el día de hoy las mujeres colombianas no nos recuperamos de la mala fama que dejó la cultura del narcotráfico. Los estragos de esa cultura dejaron tatuada en nuestra mente colectiva varias marcas que gravemente deshumanizan a la mujer, pero más grave aún, le muestran una cara falsa a los otros países sobre quien es la mujer colombiana.

He aquí algo que me causa temor de la moda y es que tiene el poder de destruir el género femenino. Cuando la mujer se convierte en un objeto se reducen sus posibilidades de triunfar por algo diferente que no sea su cuerpo, y eso tiene consecuencias tanto personales como sociales. En las palabras de Naomi Wolf: “vivir en una cultura en la cual las mujeres constantemente están desnudas cuando los hombres no lo están, es aprender sobre la desigualdad poco a poco todos los días. Las imágenes que nos rodean son un lenguaje, y aquellas imágenes están construidas para proteger la sexualidad del hombre–y por lo tanto la seguridad en sí mismos–mientras perjudican la de las mujeres.” Naomi Wolf no se refería a la cultura mafiosa en particular, sino a la cultura en general. Aunque estoy totalmente de acuerdo con ella, debo decir que en el caso de la cultura traqueta el efecto fue aun más impactante por varios factores: la falta de posibilidades para la mujer, la pobreza y la ambición, que es acelerada por un factor de clases sociales muy marcadas.

La cultura mafiosa nos dejó una herencia de tetas y culos de plástico, de bocas inyectadas y de cabellos lacios hasta el fondo de la espalda. Nos dejó a las Natalias Paris, y al pensamiento de que “calladita se ve más bonita”. En la moda fue una mezcla entre joyas de Cartier y Rolex, con diamantes, y mucho oro. Y aunque hoy en día eso suene como una pieza esencial de moda, en ese entonces era obvio que el portador no entendía de moda. Nada más símbolo de un traqueto que aquellos relojes adornados de brillantes. Para las mujeres se favorecían los estampados de Versace, y obviamente cualquier prenda que mostrara los “bienes”: pantalones de mezclilla bien ajustados, camisas de tiritas con mucho escote y espalda descubierta.

Aunque Colombia hoy está lejos de esa moda “traqueta,” y los diseñadores colombianos  demuestran día a día ser los más talentosos del mundo, aquella cultura dejó marcas graves en la mente colectiva de la moda latina. En uno de mis últimos viajes a Cali me quedé sorprendida por una publicidad que mostraba una mujer de espalda. Su rostro oculto, un truco muy común en el mundo de los publicistas cuando se quiere convertir a una mujer en un objeto y vender solo sexo, lo único que se podía apreciar era un derrière de proporciones gigantes. Si la publicidad era de calzones no los recuerdo, pues eran tan pequeños que fueron irrelevantes, en pleno centro comercial, bajo el ojo de niños, señores y viejos, unas nalgas mandaban un mensaje: “puedes excitarte, pero mientras quede claro que no tengo rostro”. Es hora de que como mujeres colombianas y latinas nos preguntemos: ¿cómo nos están afectando esas imágenes como cultura? ¿cómo están retrasando la independencia femenina? ¿cómo están apoyando la violencia de género? Toda imágen tiene un efecto sobre nosotros, y la moda que se ha forjado en nuestra época dice algo muy triste sobre la mujer latina.

Aclaro que no estoy en contra de la cirugía plástica, y tampoco de la libertad de la mujer de vestir como le guste, y si eso incluye unos jeans “levantacola”, bien por ella. Estoy hablando del peligro que corremos como mujeres cuando permitimos que esas imágenes, creadas por hombres, nos deshumanicen. Cuando los hombres deciden por nosotras el tamaño y proporciones que “debería” tener nuestro cuerpo, las prendas que debemos portar, o si debemos cubrirnos o descubrirnos, permitimos que nos conviertan en objetos a su disposición, e inmediatamente perdemos derechos importantes como individuos. Lo importante es quitarle a los hombres ese derecho, retornarlo a las mujeres como debería ser. Para hacerlo debemos como colombianos rechazar la cultura traqueta, enterrarla como un pasado oscuro, dejar de glorificarla con novelas y shows. También debemos empezar a manejar el mundo de la moda, decidir nosotras qué es lo que realmente queremos portar, preguntarnos si aquella cirugía tan anhelada la estamos haciendo por nosotras o por ellos. Apoderarnos de nuestro cuerpo y darle el respeto que merece y hacer lo mismo con nuestra herencia: que la mujer colombiana a donde quiera que vaya vuelva a convertirse en sinónimo de belleza natural, de inteligencia, de viveza, y de elegancia.

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March_Look3-4March_Look3-1March_Look3-5Jumpsuit de Diane Von Fustenberg, fotos tomadas en el hotel Faena. Fotos de Simply Lively. Editor: Hen Shoval