El arte de lo pudoroso – parte 1

moda modesta pudorosa recatada carolina shoval ensayos de teoria de modaHace algún tiempo pasé por un proceso de conversion al judaísmo el cual tomó casi 5 años. Mientras tantas religiones son proselitistas, el pueblo hebreo prefiere mantenerse para sí mismo. No se debe al argumento vulgar y bastante antisemita de que “son un pueblo muy cerrado”. Se debe a que el ser judío trae grandes responsabilidades religiosas y por eso los sabios judíos prefieren no efectuar conversiones a personas que podrían fallar en cuanto a esas responsabilidades. Una de esas responsabilidades es que tanto hombres como mujeres deben tener modestia y pudor frente a sus actos y su vestir. Las reglas judaicas del vestir son simples: faldas hasta las rodillas, camisas que cubran los codos y la clavícula, y nada ajustado a la piel. Son reglas sencillas pero debo confesar que ese nivel de espiritualidad no lo logré.  Me falto creatividad al vestir modestamente y jamás encontré un estilo propio. También, el constante cuestionamiento sobre mi decision de vestir modestamente, y las acusaciones de que era a causa de mi marido me volvieron loca. Antes de que piensen que las razones por las que vestía modestamente son machistas, quiero que sepan que el concepto de que las judías y musulmanas se deben cubrir porque son sometidas a un marido es simplemente erróneo. Sus leyes son realmente complejas y admirables espiritualmente. Quiero contarles un poco acerca de este tema, que aunque no lo parezca es muy espiritual.

Este año surgió un renacimiento de lo recatado en el mundo de la moda. Muchas de nosotras llevamos años rechazando los looks sexualisados que nos hacen sentir como objetos. Con la tercera ola de feministas nació un valor por lo oculto, un valor por ese arma poderosa que tenemos nosotras que es nuestro cuerpo. Ese cuerpo protegido con la armadura de la moda nos ayuda a llegar a niveles nunca antes imaginados como mujeres. Esas damas pudorosas (y uso la palabra ‘pudorosa’ aunque a veces suena sucia) son más especiales, y tienen mucho que decir; ofrecen mucho más que un par de esferas plásticas colgadas a su pecho. Entienden el poder de su cuerpo atado a una mente inteligente, no muestran nada pero son mil veces mas sexys.

La tendencia de ser modesta no nació en las pasarelas sino en la calle, donde grupos de millenials religiosos reinventaron su vestir sin romper las reglas. Se ven caminar en Brooklyn Heights jóvenes judías ortodoxas que tienen más estilo que Olivia Palermo, y que ya no parecen salidas del siglo pasado. Estas mujeres no solo cuidan el shabbat y las reglas más estrictas de su religión, también son amantes de la moda y saben vestir con estilo. Esta tendencia no solo valida a esas mujeres en sus creencias, sino que también les otorga una herramienta que unida con sus tradiciones puede revolucionar a sus comunidades. Así como la modestia revoluciona a la mujer moderna, la moda revoluciona a la mujer modesta y religiosa. Es un arma de doble filo a favor del espíritu femenino.

Aprendí varias cosas de la mujer modesta en estos años. Tiene características que la hacen un ser muy especial, y por ende me atrevería decir que hasta más avanzada. Ella sabe claramente que el cuerpo en el que habita nuestra alma es prestado, expirará, se convertirá en polvo. Lo único que vale en ella es la esencia, la cual trabaja en mejorar día a día. Para ella vestirse de una manera que exponga ese recipiente es arrogante. Ella es modesta al vestir, pero aún más modesta en su ser: se apena de sí misma cuando juzga a los demás y el pudor es un recordatorio diario de que deben prescindir las características negativas y reconocer solo los buenos actos. Ella respeta despertar sentimientos sexuales sólo en su marido o en la persona que realmente aman. Cargadas de romanticismo se aseguran de que el único que puede ver su desnudez es alguien quien realmente lo valorará. Y aunque parezcan anticuadas, son más modernas, más feministas y más libres.

La mona se viste de seda, y qué?

Carolina Benoit Porta Grillos Colombia Ensayo de moda

Mi primer recuerdo de modas no está relacionado con la revista Vogue. Mi primer recuerdo de modas tiene lugar en los pasillos de la casa de mi abuela, en el barrio la Merced de Cali. Recuerdo a mis tías las bellas rodeadas de sedas, tules y otras telas de gala. En ese entonces tendría 4 años pero entendía muy bien que se venia un desorden y una fiesta. Mi familia, un matriarcado de esos en los que hay tantas mujeres que los hombres quedan relegados, se endomingaba para un matrimonio. No éramos ricos, sin embargo había elegancia, glamour, y un aire eléctrico que solo se siente cuando todo el mundo esta bien vestido. Quien sabe, a lo mejor son memorias agigantadas de la mente de una niña deslumbrada por el satín y tal vez  todos nos veíamos ridículos, pero ese recuerdo hace que hoy me pregunte: ¿Frente a la moda, realmente se nace sabiendo, se aprende, o influencia el dinero?

Son preguntas profundas, porque aunque la moda está relacionada con lo efímero, ésta es lo mas cercano a un espejo del alma. Podríamos argumentar que Anna Wintour tiene la última palabra frente a lo que está de moda y lo que no, pero para un amante de el hiphop en el Bronx, Anna es simplemente un “wasp” del Upper East Side que no tiene idea qué esta en boga. Entonces, aunque con la moda se nace, nuestra percepción de la moda está gravemente alterada por nuestros alrededores, como la gran mayoría de nuestras decisiones. Mejor dicho, somos como un dibujo de M.C Escher, donde la mano pinta la mano que la esta pintando.

La moda deja memorias y además crea musas y personajes excéntricos que quedan marcados en nuestras mentes colectivas para la eternidad.  El buen vestir es una demostración personal de un estilo de vida donde el intérprete es experto en extraer belleza de lo mundano. Aquí entra mi segundo argumento y es que la moda no se compra. Bueno…si se compra, pero no tiene nada que ver con la cantidad de dinero que tengas. En la foto mas famosa de Jackie Kennedy, la primera dama de la moda porta un saco cuello tortuga negro, elegante y eterno. Audrey Hepburn, en su segunda foto mas memorable, también aparece con un cuello tortuga negro. Por ultimo Marilyn, después de la famosa foto de el vestido plisado, luce un cuello tortuga negro en una de sus fotos más recordadas. Aunque estas mujeres tenían  acceso a mercancía de las marcas más famosas, en ningún lugar veremos logos, ni prendas de miles de dólares. La moda no se compra, y aunque en nuestra era digital quisiéramos aparentar ser celebridades y nos hemos convertido en expertos impulsores de marcas, no nos estamos volviendo mas fashion, y hasta argumentaría que esta pasando lo contrario.

Personalmente nunca he necesitado de marcas para adornarme, y tampoco soy partidaria de  pensar que una buena cartera de marca me vestirá sin esforzarme en mi atuendo. Pero si creo que hay que tener cierta armonía al vestir. La moda es un arte personal de expresión, y aunque puede tener un gran impacto, hoy en día es muy difícil marcar la diferencia. Esas pocas que “saben” o que “nacieron” sabiendo el secreto inspiran nuestros feeds de Instagram, muchas no portan marcas famosas pero si tienen un gusto exquisito y difícil de reproducir. Dicen las malas lenguas que el que sabe de modas nace sabiendo, y el que no sabe nunca aprenderá. Pero como la moda es una expresión totalmente personal, la conclusión es que aunque la mona se vista de seda mona se queda, pero a la mona ya no le importa lo que piensen de ella. Esto es lo que ha hecho que nos liberemos, portemos lo que queremos, y nos revelemos totalmente contra las reglas del vestir. No existen reglas, solo un lienzo en blanco para llenarlo de zapatos, joyas y adornos como nos de la gana. Te pregunto: ¿Que harás tu con tu lienzo en blanco?