Anhelando: La Feminidad De Un Vestido

Desde pequeña he odiado los pantalones. Mis familiares y amigos siempre han argumentado que los pantalones son más cómodos pero mi respuesta siempre ha sido la misma: cómodos para qué? Montar a caballo? La carga de feminidad que tiene un vestido es casi imposible de describir. Con escote, sin escote, floreado, moderno, de falda A, recto…los vestidos tienen un encanto casi místico.

Pero qué es un vestido? El vestido es simplemente una falda pegada al cuerpo de la misma tela. Pero es el reflejo directo de la moda. Dice mucho sobre nuestra era que el vestido se haya convertido en una pieza que puede ser portada a cualquier hora del día y para cualquier ocasión, mientras que en el pasado este era consagrado únicamente para ocaciones especiales. Hay dos ejemplos de cómo el vestido es reflejo directo de la moda. El primero es el de Chanel con su rechazo al corset, creando la silueta famosa de flapper de los años veintes. El segundo es Dior, quien después de la raciones de tela impuestas por la guerra, al terminar aquella decidió hacer un vestido compuesto de aproximadamente diez yardas de tela que conmocionó al mundo.

Y aunque quisiéramos decir que la moda rápida acabó con el significado del vestido, yo pienso que sigue teniendo relevancia en nuestra idea de la moda moderna. No toda mujer porta un vestido diariamente, pero cuando lo porta tiene un objetivo claro, cautivar, encantar, enamorar. Si es floreado se querrá mostrar femenina y delicada, o libre y aventurera; si es moderno se querrá mostrar poderosa y misteriosa. Si es corto y ajustado quizás se irá de faena. No existe la mujer que al portar un vestido no tenga un objetivo, y si no lo tuviera tal vez portaría jeans y una camiseta.

Debo aclarar que vestir bien es un arte, y así como una mujer puede sentirse apoderada por un vestido, también puede ser acabada por el mismo. La clave está en tener un ojo clínico para los detalles. Desde la silueta hasta el color, todo debe ser una sinfonía perfecta en torno de tanto la mujer como la pieza. Sea como sea, el vestido, elemento de historia de moda, tiene un detalle único que lo hace ser la musa de nuestros afectos. Y es que aunque los hombres se han apropiado de varias piezas femeninas, el vestido es exclusivo de la mujer. Su diseño no solo es más cómodo para ella, es también un efecto directo del contorno de su cuerpo: el busto, las caderas, la cintura, la espalda, todos juegan una parte esencial del diseño final, y del teatro que es portar un vestido.

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Carolina Benoit Red Ralph Lauren Flowy DressMiami Blogger En Español

Caro_Look2-6Carolina Benoit Miami Fashion BloggerVestido de Ralph Lauren-Denim & Supply, Sombrero de Please Don’t Tell, zapatos de Ralph Lauren, fotos de la talentosa Simply lively

Que Muera La Moda Uniforme

Desde que era niña y a lo largo de mi vida me he enfrentado una y otra vez a una pregunta que detesto oír. La pregunta, diseñada por aquellos que no entienden el mundo en el que vivo, la considero un tipo de “bullying” a mi estilo personal el cual, debo admitir, no es convencional. La pregunta infame es: “¿Para dónde vas tan elegante?” Lo sé, es una interrogante simple. Sin embargo al escucharla me quedo fría, pues cargada de burla la considero una bofetada a la belleza de mi arte personal, la moda. ¿Para dónde voy tan elegante? He llegado a salir vestida de tulles a el más simple almuerzo,  y honestamente no me importa lo que otros piensen, pues no soporto la moda homogénea. Para mí, vestir con las prendas comunes del día a día es una tortura.

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Recuerdo con tedio lo difícil que ha sido para mí, a lo largo de mi vida, portar uniformes. Su tela de poliéster tiesa y barata que causa picazón, y la dificultad de adornarse para resaltar en contra de los cientos de niñas vestidas igual. Como si yo viniera de un planeta extraño donde las reglas del vestir son diferentes, la gente cuestiona mis elecciones, cuando en realidad yo debería estar cuestionando su falta de creatividad al vestir.  Si bien me conoces, sabes que ni durante los días mas tristes de mi vida me he dejado atrapar por prendas comunes y sencillas. El vestir, junto con otras costumbres que se adquieren desde la juventud, es una forma de embellecer el día a día. Y aunque no se trata de disfrazarnos, sí se trata de hacer, a través de la ropa, que cada día este lleno de expectativas. La moda es extraña, pues te hace pensar que portas prendas únicas y especiales en tu diario vivir aunque en realidad portas cierto uniforme social. La meta es rechazar esa homogeneidad, sin salirse de contexto, un balance que con cuidado puede traer grandes ganancias al buen vestir.

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Ahora, ustedes se preguntarán: en esta era de modas homogéneas, donde los famosos se hacen llamar diseñadores, y donde los diseñadores han renunciado a sus puestos por falta de tiempo para incubar ideas, donde la moda cambia a la velocidad de la luz y donde ser creativo es casi imposible, ¿cómo podemos encontrar un estilo propio? Para matar esa plaga que es la moda uniforme, debemos empezar por perder el miedo al vestir. Cada vez que veo a alguien atrapado en un par de khakis y una camisa color pastel, veo a una persona con miedo a brillar. Y aunque algunos atrapados en el circulo constante de la moda crean que están portando las ideas vanguardistas del momento, en realidad son víctimas de un circulo en donde esta no ha tenido opción de reinventarse. Definitivamente, estamos presenciando la muerte de la moda en nuestra era, pero como consumidores tenemos el poder de rescatar aquellas piezas únicas y portarlas como más nos parezca. La clave es perder el miedo al vestir.

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Una vez muere el miedo, ya no hay reglas y nace una creatividad infinita en el portador. Aprovechando que la moda tiene un apetito voraz por reinventarse, las opciones para la mujer son sencillamente interminables, mientras que los pobres hombres no suelen salir de su aburrido uniforme. Termino este ensayo con un tip de estilo: te aseguro que una mujer que vista sin miedo será una mujer llena de expectativas. Una mujer quizás más exigente con la vida, y un poco perfeccionista. Con un buen sentido del humor es inteligente y un poco lanzada al hablar. Una mujer que cautiva con sus atuendos, no por que ese sea su objetivo, si no como un efecto secundario de su acción del buen vestir. Su interés no es cautivarte, sin embargo, como los insectos en busca del sol los espectadores caen en hipnosis por ella.  Una mujer sin miedo al vestir brilla con luz propia. Caro_Look1-17Vestido de Kate Spade, Cartera De Kate Spade, Zapatos Prada. Fotos por Simply lively 

La mona se viste de seda, y qué?

Carolina Benoit Porta Grillos Colombia Ensayo de moda

Mi primer recuerdo de modas no está relacionado con la revista Vogue. Mi primer recuerdo de modas tiene lugar en los pasillos de la casa de mi abuela, en el barrio la Merced de Cali. Recuerdo a mis tías las bellas rodeadas de sedas, tules y otras telas de gala. En ese entonces tendría 4 años pero entendía muy bien que se venia un desorden y una fiesta. Mi familia, un matriarcado de esos en los que hay tantas mujeres que los hombres quedan relegados, se endomingaba para un matrimonio. No éramos ricos, sin embargo había elegancia, glamour, y un aire eléctrico que solo se siente cuando todo el mundo esta bien vestido. Quien sabe, a lo mejor son memorias agigantadas de la mente de una niña deslumbrada por el satín y tal vez  todos nos veíamos ridículos, pero ese recuerdo hace que hoy me pregunte: ¿Frente a la moda, realmente se nace sabiendo, se aprende, o influencia el dinero?

Son preguntas profundas, porque aunque la moda está relacionada con lo efímero, ésta es lo mas cercano a un espejo del alma. Podríamos argumentar que Anna Wintour tiene la última palabra frente a lo que está de moda y lo que no, pero para un amante de el hiphop en el Bronx, Anna es simplemente un “wasp” del Upper East Side que no tiene idea qué esta en boga. Entonces, aunque con la moda se nace, nuestra percepción de la moda está gravemente alterada por nuestros alrededores, como la gran mayoría de nuestras decisiones. Mejor dicho, somos como un dibujo de M.C Escher, donde la mano pinta la mano que la esta pintando.

La moda deja memorias y además crea musas y personajes excéntricos que quedan marcados en nuestras mentes colectivas para la eternidad.  El buen vestir es una demostración personal de un estilo de vida donde el intérprete es experto en extraer belleza de lo mundano. Aquí entra mi segundo argumento y es que la moda no se compra. Bueno…si se compra, pero no tiene nada que ver con la cantidad de dinero que tengas. En la foto mas famosa de Jackie Kennedy, la primera dama de la moda porta un saco cuello tortuga negro, elegante y eterno. Audrey Hepburn, en su segunda foto mas memorable, también aparece con un cuello tortuga negro. Por ultimo Marilyn, después de la famosa foto de el vestido plisado, luce un cuello tortuga negro en una de sus fotos más recordadas. Aunque estas mujeres tenían  acceso a mercancía de las marcas más famosas, en ningún lugar veremos logos, ni prendas de miles de dólares. La moda no se compra, y aunque en nuestra era digital quisiéramos aparentar ser celebridades y nos hemos convertido en expertos impulsores de marcas, no nos estamos volviendo mas fashion, y hasta argumentaría que esta pasando lo contrario.

Personalmente nunca he necesitado de marcas para adornarme, y tampoco soy partidaria de  pensar que una buena cartera de marca me vestirá sin esforzarme en mi atuendo. Pero si creo que hay que tener cierta armonía al vestir. La moda es un arte personal de expresión, y aunque puede tener un gran impacto, hoy en día es muy difícil marcar la diferencia. Esas pocas que “saben” o que “nacieron” sabiendo el secreto inspiran nuestros feeds de Instagram, muchas no portan marcas famosas pero si tienen un gusto exquisito y difícil de reproducir. Dicen las malas lenguas que el que sabe de modas nace sabiendo, y el que no sabe nunca aprenderá. Pero como la moda es una expresión totalmente personal, la conclusión es que aunque la mona se vista de seda mona se queda, pero a la mona ya no le importa lo que piensen de ella. Esto es lo que ha hecho que nos liberemos, portemos lo que queremos, y nos revelemos totalmente contra las reglas del vestir. No existen reglas, solo un lienzo en blanco para llenarlo de zapatos, joyas y adornos como nos de la gana. Te pregunto: ¿Que harás tu con tu lienzo en blanco?